Sucre, Jueves 31 de diciembre de 1931, se escuchan los cascos de los caballos y el sonido doloroso de los goznes del portón que permiten entrar a dos carruajes, uno negro con con el conductor y su ayudante ricamente ataviados y otro no menos lujoso en el que relumbra el pan de oro ... un poco más allá se escucha el sonido de un automovil, Cecilia y sus padres que no hace mucho han regresado de Europa y se dejan ver este fin de año en nuestra casa de campo, finca dirán algunos por el tamaño de los campos y la cantidad de pongos que demanda. 

Del segundo piso a un costado de la sala se encuentra una sala que sirve para muchas cosas, guardar menaje, arrinconar cuadros, encerrar a la hija de la cocinera; si ya se, que no está bien, pero no hay mucho que hacer salvo salir a cazar lo que se pueda mover o cabalgar, bien puedo estar hablando de la hija de la cocinera. 

Desde este lugar puedo ver a don Jose Orostiaga, su esposa y su dos hijos mellizos Fernando y Casimiro, aún a la moda de principio de siglo, una barbaridad. Del carruaje virreinal baja don Clodoaldo Valencia, su diminuta esposa y su rimbombante hija Emerencia junto a las dos primas, delgadisimas las pobres. Ahí llega Cecilia ... perdón vayamos en orden, baja don Romualdo Urquiza y Balmaceda y solícito sin dejar que puedan ser ayudados por el personal, le abre la puerta a doña Mariana, alta de pelo negro y ojos profundos, con un porte que recuerda a una estatua griega y levantando el asiento sale Cecilia, es hermosa, simplemente hermosa.

- Federico, donde estas hijo, tenemos ya a la gente en la sala y el patio y tu padre no da abasto -

Mi madre, al borde del colapso, para buscarme muy seguramente ha tenido que escuchar alguna tonteria de mi padre, que no pierde oportunidad de recordarme que soy un bueno para nada que más valdría que mi hermano mayor hubiera sobrevivido a las fiebres a que yo las haya superado, dejándole a un vagabundo por heredero.

- Federico, hijito. Sabes como se pone tu padre y no queremos que la noche, esta última noche comience mal, sobre todo si queremos que tu padre consolide su puesto en la Corte -

- Si mamá, pero que esperas que haga, que me haga cargo de las botellas ... puedo hacerlo -

- Claro que no y que tu padre no te vea cerca de la mesa de las bebidas -

Apoyandose en mi brazo salimos hacia la sala del segundo piso donde se prepara la mesa en la que se servirá el copioso bufete para celebrar el inicio de un glorioso 1932.

El sonido del yunque es brutal cuando el maso más grande se estrella con fuerza sobre el amasijo rojo resplandenciente que chispea con cada golpe. Con mano hábil el brazo sudoroso toma el pedazo de fierro y lo hunde en agua que se evapora con sonido sibilante.

- A ver ... dale más fuelle -

Rufino, entenado de Nicanor Herrera, si el herrero Herrera, de la única herrería que existe en Pucarani, La Paz. El joven de mirada infantil que contrasta con un físico taurino de espaldas anchas y pelo negro que le da un aire de rudeza, suda con respiración agitada porque debe estar atento a las brasas y darle el fuelle necesario para tener la temperatura necesaria que exige el viejo Nicanor, quien con un solo ojo se le hace cada vez más difícil hacer su trabajo y en algún caso debe hacer las cosas dos veces.

- Ya pues carajo, debe estar más caliente ... comer nomás sabes y trabajar nada - 

- Va a disculpar don Nicanor, voy a poner más carbón para que haga más brasa - 

- Todo es una mierda, apurate pone un poco mas pero no mucho que no regalan el carbón -

A pesar de todo, Rufino se siente más tranquilo estar acá que en el campo ahora que es tiempo de cosecha y finalmente es un oficio que está aprendiendo porque su padrastro sabe que algún rato la luz no llegará más al ojo que le queda.

Coloca el carbón y se encamara en el fuelle y piensa ... - vamos, mañana es nuevo año, 1932, va aser un año mejor -

Comentarios

Entradas más populares de este blog